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La incidencia del romanticismo en la música no es tan aparente como en la literatura. La propia característica mucho más abstracta de las expresiones del arte musical - sobre todo considerando que se trata de expresiones esencialmente instrumentales - no hace tan perceptibles algunos de los elementos típicos y caracterizantes del romanticismo; por lo menos en buena parte de las obras producidas en el período considerado como dominado por las concepciones del romanticismo.


El nacionalismo es, sin duda, un componente natural del romanticismo; pero aunque existen sin duda expresiones musicales clara y a veces sistemáticamente nacionalistas en algunos autores de la época, en otros casos esas características no pueden considerarse predominantes o generales en sus obras. Algo similar puede decirse en cuanto se refiera a los aspectos formales, tema en el cual resulta mucho más dificultoso advertir peculiaridades en las obras musicales del período romántico.
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De tal modo, la frontera que separa lo que pueda denominarse como período clásico del período romántico en la música seria resulta bastante borrosa.

Puede considerarse, por ejemplo, que Beethoven se apartó del clasicismo ya en sus Sonatas para Piano, algunas de ellas claramente de formulación romántica como su maravillosa “Appasionata”; y algunas de cuyas sinfonías - como la Novena, Coral, que incluye la “Oda a la Alegría” de su compatriota Schiller - también se inscriben claramente en el romanticismo. Pero no es menos cierto que varias otras de las grandes obras de Beethoven no tienen similares características, sino que están más cerca del clasicismo musical.


Las expresiones nacionalistas del romanticismo musical son bastante más claras. Por supuesto, una de las más destacadas son las de los músicos rusos, como Peter Tchaiskowsky en su célebre “Obertura 1812”, conmemorativa de la derrota del ejéercito de Napoléon en las estepas rusas, donde se identifican claramente fragmentos de “La Marsellesa” y de melodías tradicionales rusas, así como se incluye entre los instrumentos el disparo de cañones; o sus músicas para ballet “El lago de los cisnes”, “Cascanueces” o “Scherazada”. Corriente en la cual se inscriben, en la música española, Granados, Albéniz y De Falla.


Lo propio ocurre en algunos autores claramente románticos, con los elementos resaltantes del sentimiento y la introspección subjetiva, utilizando frecuentemente fraseos musicales de canciones populares o folklóricas, o asociando las piezas musicales, en la forma del poema sinfónicos, con conocidas obras literarias de corte romático; como ocurre con otras como el noruego Edward Grieg y su “Peer Gynt” o su Concierto Nº 1, o con las de los alemanes Franz Schubert, Robert Schumann y Johannes Brahms.
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La “Romanza sin palabras” de Félix Mendelssohn-Bartholdy tiene una específica referencia romántica en su propio título; y por cierto que muchas obras musicales del período son designadas genéricamente como “Romanzas”, entre ellas numerosas obras de Beethoven escritas para violín.

En el orden formal, consolidada la corriente del romanticismo musical, se advierten innovaciones tales como desarrollos más libres e imaginativos de la melodía, y el empleo de tonalidades y formas de modulación también novedosas.

Una de las características de este tipo, es la mayor extensión de las obras como se manifiesta en las sinfonías de Mahler, Brahms y Brückner. La forma musical más cercana al romanticismo literario, es la enorme expansión del poema sinfónico, ampliamente cultivado por autores como Ricardo Strauss, Franz Liszt y Paul Dukas.


Otra caracteríistica remarcable del período romántico en el orden musical, lo constituye el virtuosismo; que determina la aparición de obras, a menudo escritas por ejecutantes eximios del instrumento solista; como Nicolò Paganini con el violín en sus famosos y dificilísimos Conciertos, el piano en el “Concierto para la mano izquierda” de Maurice Ravel, y también en las “Rapsodias Húngaras” de Franz Liszt, que no omitió el toque de humor originado en su famosa gran nariz, de escribir una obra que en cierto momento requiere usarla para poder pulsar una tecla en el piano.


Probablemente el punto culminante del romanticismo en materia musical lo constituye el desarrollo de la ópera, caracterizada por la conjunción de “todas las artes” al decir de Richard Wagner; de las cuales se sindica como la primera “El cazador furtivo”, de Carlos María von Weber; y abundan otros ejemplos como las del propio Wagner, “Carmen” de Georges Bizet y muchas otras.


En realidad, una vez consolidado el romanticismo musical, sus cultores abarcan, si se quiere, la gran mayoría de los compositores eximios, además de los muchos ya mencionados, como Federico Chopin, Claude Debussy, Leo Delibes, Antonin Dvörak, Franz Lehar, Serge Rachmaninoff, Camile Saint-Säenz, Pablo Sarasate, y muchos más.


ANGIE VILLOTA